domingo, 6 de marzo de 2011

¿PARA QUÉ SIRVE LA HISTORIA?

Seguramente muchas veces te hiciste esta pregunta y/o  lo seguís haciendo. Tratemos entonces que arribar a alguna respuesta aunque sea provisoria.
Hoy día uno de los grandes retos que tenemos los docentes en la enseñanza de la Historia es la motivación de nuestro alumnado para poder llevar al aula el conocimiento y la comprensión de las sociedades del pasado.
Para el reconocido historiador inglés Eric Hobsbawm, el problema central es que los jóvenes que llegan a las aulas viven una especie de “presente permanente”. En una de sus obras más divulgadas, Historia del siglo XX, el autor dice:

“La destrucción del pasado es la característica de esta época, o más bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con las generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX. En su mayor parte, los jóvenes, hombres y mujeres de este final de siglo crecen en una suerte de presente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven. Esto otorga a los historiadores, cuya tarea consiste en recordar lo que otros olvidan, mayor trascendencia de la que han tenido nunca, en estos años finales del segundo milenio” (Hobsbawm, 1996).

Ante este panorama, los historiadores coinciden en que la Historia “debe buscar comprender los hechos del pasado para interpretar y conocer el presente”. Como dice Josep Fontana lo importante es “introducir un pellizco de conciencia en la mentalidad del estudiante”, o como plantea Pierre Vilar “poder pensar históricamente”.
Ya no se trata sólo de acumular datos o anécdotas, sino de lograr un conocimiento que explique cosas, que reconstruya el pasado y sea útil para el presente.
La función principal de la Historia debe estar centrada en ubicarnos e identificarnos en la sociedad que nos tocó vivir, en nuestro aquí y ahora a partir del conocimiento del pasado y en darnos los elementos necesarios para pensar nuestro futuro.
Ese pasado no ha muerto; permanece presente en el mundo que nos rodea; nos pertenece a todos y, por lo tanto, tenemos todo el derecho de conocerlo.
¿Tiene sentido seguir preguntándose para qué sirve la Historia?